Padrino de la era digital
Sigan hambrientos, sigan alocados.
Cofundador de Apple y maestro de los productos que llevó la computadora personal, la música digital, el teléfono inteligente y la tableta a la vida cotidiana; fue además un impulsor clave de Pixar Animation.
Steve Jobs nació en San Francisco en 1955 y fue adoptado al nacer por una pareja de clase trabajadora, criándose en el corazón de Silicon Valley. La imagen de su padre adoptivo trasteando con maquinaria y componentes electrónicos en el garaje fue su primera inspiración; en su juventud, en esta tierra que gestaba una revolución electrónica, se apasionó por la tecnología y conoció al prodigio de la electrónica Wozniak, unos años mayor que él: dos jóvenes de espíritu afín que sembraron las semillas de la historia por venir.
Siempre hubo en él un temple de buscador. Abandonó el Reed College tras un solo semestre, pero siguió asistiendo como oyente a las clases que le interesaban; entre ellas, aquel curso de caligrafía moldeó después, de forma inesperada, su atención casi obsesiva por las tipografías y la composición. Tras dejar los estudios, viajó a la India y se acercó al budismo zen, cultivando una predilección por el minimalismo y la concentración. Estas andanzas, en apariencia ajenas a los negocios, acabaron decantándose todas en su sentido estético para los productos.
En 1976 fundó Apple con Wozniak en un garaje. El Apple II se convirtió en una de las primeras computadoras personales de gran éxito, y el Macintosh, con su interfaz gráfica, resultó aún más deslumbrante en su momento. Pero el talento también tuvo su precio: perdió una lucha de poder con la junta directiva y fue, sorprendentemente, expulsado de la propia empresa que había fundado. Ese fracaso podría haber destruido a cualquiera, pero se convirtió en otro punto de partida de su vida.
En sus años de retiro, fundó NeXT y compró la división de animación por computadora que más tarde se convertiría en Pixar. Toy Story catapultó a Pixar a la leyenda de golpe, mientras que la tecnología de NeXT se convirtió, tras su regreso a Apple, en la base del nuevo sistema. En 1997, una Apple al borde de la quiebra lo llamó de vuelta; recortó las abultadas líneas de producto y, con un iMac translúcido, resucitó la marca.
La verdadera leyenda se desplegó a continuación: el iPod, iTunes, el iPhone y el iPad aparecieron uno tras otro, y una y otra vez redefinió la música, el teléfono y la computación móvil, poniendo la vida digital en la palma de la mano de cientos de millones. Incluso durante su larga batalla contra un tumor pancreático, seguía presentando serenamente nuevos productos sobre el escenario y dejó en Stanford la máxima «sigan hambrientos, sigan alocados». En 2011 renunció como CEO y falleció por enfermedad ese mismo año, con apenas cincuenta y seis años. Lo que dejó no fue solo una empresa, sino una fe en los productos que fundía en una sola cosa la tecnología, las humanidades y la estética.
Adoptado al nacer, creció en la zona de Silicon Valley (California) y desde niño le fascinaron los aparatos electrónicos.
Ingresó en el Reed College para abandonarlo poco después, asistió como oyente a cursos como el de caligrafía y viajó a la India en busca de sentido espiritual.
Fundó Apple con Wozniak y lanzó el Apple II y el Macintosh, antes de ser apartado de la propia empresa que había fundado.
Fundó NeXT y adquirió y dirigió Pixar, alejado de Apple pero acumulando fuerza tecnológica y creativa.
Regresó a Apple como CEO interino, recortó las líneas de producto redundantes y revitalizó la marca con el iMac.
El iPod, iTunes, el iPhone y el iPad aparecieron uno tras otro, redefiniendo la música, el teléfono y la computación móvil.
Con su salud deteriorada, renunció como CEO y falleció de cáncer de páncreas ese mismo año.